Pepe el Ferreiro hizo un museo dedicado a los campesinos y al mundo del trabajo; un museo eminentemente tecnológico, en el que se valoran los objetos y los espacios de trabajo, y en el que por ese motivo se exponen los objetos siguiendo una clasificación tipológica o mostrando su proceso de fabricación -así sucede con las madreñas, los tornos, las ruedas de carro, las mantequeras, las trampas, la preparación del lino- o colocando los objetos en su ámbito de trabajo, es decir, recreando los espacios en los que se desarrollaban en el pasado los trabajos y la vida de las personas: bodega, taberna, comercio de ultramarinos, barbería, escuela, lareira o cocina y molino.
En 1984, el museo se inauguró con una exposición en la que sólo estaban representados los oficios más tradicionales: galocheiro, cesteiro, ferreiro, carpinteiro, tejedora, etcétera. En la actualidad, se pueden ver los últimos montajes dedicados a la fábrica de gaseosas y, sobre todo, a correos y telégrafos. En medio, están todas las salas dedicadas a oficios nuevos, la escuela, la religiosidad... que demuestran el interés por documentar la vida social, así como los cambios y la evolución del mundo rural asturiano.
En aquel tiempo, Pepe no pretendía solamente conservar objetos, sino transmitir a quienes los utilizaron y a los futuros visitantes del museo la importancia de la cultura material de los campesinos, que en aquellos años se estaba transformando radicalmente y era objeto del mayor de los desprecios. Su mirada y su palabra convirtieron viejos trastos en instrumentos para aumentar la autoestima y la valoración de los últimos habitantes del occidente asturiano.
Otra cuestión importante es el reflejo que el Museo de Grandas de Salime tuvo en numerosas colecciones, museos y aulas didácticas dispersas por Asturias. Junto a esto, cabe también destacar la importancia de las intervenciones públicas de Pepe el Ferreiro. No tiene título universitario, pero es un amante de los libros y la biblioteca del museo es otra de sus joyas. Todas estas aportaciones sirvieron para cambiar la mentalidad de muchos asturianos hacia el mundo rural, recuperando el pasado a través del cariño con el que él lo transmite.
Pepe el Ferreiro tenía un contrato de alta dirección por el que recibía del Principado de Asturias 1.440 euros mensuales. Estuvo varios años sin cobrar ningún sueldo mientras se ponía en marcha el museo y durante mucho tiempo su salario mensual fue de 378 euros. Pero, como decía su padre: «Al vello non lle falta quen-lle dé patadas» ("Al viejo no le falta quien le de patadas"). Alberto Marcos Vallaure, ex rector de la Universidad de Oviedo, refiriéndose a Pepe ha escrito que no tiene sentido destituir a un hombre que va a cumplir 68 años y que lo ha hecho todo por el patrimonio etnográfico del occidente de Asturias: «Si éste es el pago que dan a la gente que trabaja por Asturias, ¿qué podemos esperar?»
Manuel Álvarez Pereda Secretario de El PayarArtículo relacionado:
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